Industria Agrícola
por José Maria da Silveira


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La industria agrícola es uno de los principales segmentos de la economía brasileña, con importancia tanto en el abastecimiento interno como en la actividad exportadora del país. Una reciente evaluación estima que su participación en el Producto Interior Bruto (PIB) es del 12%, desempeñando así una posición destacada entre los sectores de la economía, junto con la química y petroquímica. En la década de los 70, la industria agrícola llegó a aportar el 70% de las exportaciones brasileñas. Actualmente, esta participación se encuentra en torno al 40%, no sólo en virtud de la diversificación de las exportaciones del país, sino también por la tendencia a la caída de los precios de las commodities en los últimos 20 años. Aun así, el sector creció y aumentó el valor de las exportaciones en casi todos sus segmentos.

Los datos anteriores se refieren al valor de la producción de la industria agrícola en un sentido estricto, en el cual los principales segmentos son el sacrificio de reses y preparación de carnes, la fabricación y refino de azúcar, los lácteos, la panificación y fabricación de pastas, los aceites vegetales y la industria de zumos. Estos son los apartados que más se han venido desarrollando en Brasil en los últimos 20 años y que han ocupado una posición destacada. No obstante, es preciso considerar que el complejo cafetero mantiene su importancia, bien en su contribución a la balanza comercial de la agricultura, según indica el gráfico de la Evolución de los principales productos de exportación de origen agropecuario, o en el abastecimiento del mayor mercado consumidor de café del mundo, que es el brasileño.

La industria agrícola se articula por un lado con la industria de embalajes y con el tratamiento agroindustrial (cada vez más sofisticado) y por otro con la industria de insumos (pesticidas, fertilizantes, piensos, insumos veterinarios) y de equipos para la agricultura. En un sentido amplio, incluye desde sectores de tratamiento básico (añadiendo valor en el secado, la beneficiación y el embalaje) hasta segmentos que implican el tratamiento de la materia prima agrícola, pero que se acostumbra identificar como típicamente industriales: sector textil, de calzados y de papel y celulosa. Éstos poseen características estructurales distintas de los demás, debiendo ser tratados, cada uno de ellos, con cadenas propias y con un considerable grado de autonomía. La industria agrícola incluye además la producción de energía a través de biomasa, área en la que Brasil es líder mundial. Se estima que en un concepto amplio, la industria agrícola represente más del 30% de la economía brasileña. Y se encuentra en ella, sin duda, la mayor parte de los sectores económicos en los que Brasil es un país competitivo a nivel internacional.

Existe un conjunto amplio de segmentos, con diferentes estructuras y formas de organización de mercados, que cuentan con la participación y, a veces, la competencia de multinacionales y pequeñas empresas. A esa variedad corresponde una segmentación que se puede identificar en forma de inserción de Brasil en el mercado internacional, donde el país tiene una significativa participación con productos semiprocesados, identificados como industria agrícola procesadora.

Hoy en día, Brasil se enfrenta con un nuevo marco de tendencias internacionales en el sector agroalimentario, que combina la especialización (y, con ello, elevadas exigencias de productividad) y variedad (que exige atención al consumidor y una ágil capacidad de respuesta a los cambios en la configuración de los diferentes mercados).

Para entender mejor lo que sucede en el país en la actualidad, es necesario retroceder un poco al pasado. A partir de finales de la década de los 60, Brasil combinó un proceso de modernización agrícola con un conjunto de políticas de estímulo a la agroindustrialización, que resultó en el escenario de competitividad internacional existente hoy en día. El proceso de modernización fue responsable, a lo largo de los años 70, de la rápida creación de mercados locales de insumos para la agricultura y del desarrollo y adaptación tecnológica de material genético. Este último ha permitido un eficaz proceso de tropicalización de cultivos y variedades que tuvo como resultado la ocupación agrícola y agroindustrial de regiones aptas para la mecanización, como el centro-oeste, donde Brasil ostenta niveles elevadísimos de rendimiento físico en la soja en grano.

El proceso de generación y difusión de innovaciones de origen biológico fue fundamental para la ampliación del espacio económico de la industria agrícola brasileña. Las perspectivas abiertas por el desarrollo, desde finales de la década de los 70, de la moderna biotecnología, permiten un mejor aprovechamiento de las ventajas naturales del país, transformándolas en ventajas competitivas.

Las formas de estímulo a la agroindustrialización han sido variadas:

a) políticas típicas del período de sustitución de importaciones, adoptadas con énfasis en las décadas de los 60 y 70, como fondos especiales para mecanización; imposición de cuotas y tarifas destinadas a proteger la industria de insumos; y pesadas inversiones en infraestructura, incluyendo las redes públicas de almacenamiento, sistemas de producción de semillas híbridas, carreteras e hidroeléctricas;

b) políticas de modernización, principalmente por el uso del crédito rural subvencionado, de creciente importancia en los años 70 hasta que fue eliminado durante los años 80;

c) políticas de promoción a las exportaciones, por medio de incentivos fiscales, y política de minidesvalorización de la tasa de cambio, que se ha venido manteniendo estable;

d) políticas de reestructuración agroindustrial, que incluye la financiación de la industria agrícola y la definición de una política de fijación de cuotas para la exportación; y, finalmente,

e) políticas de sustitución de energía, que utilizaron fondos especiales para la inversión en la producción de alcohol y estímulo a los consumidores.

La mayor parte de estos instrumentos perdió su eficacia, pero dejó un saldo positivo, que distingue a Brasil de sus países vecinos.

Con la apertura de la economía brasileña, la redefinición de la Política Agrícola Común (PAC) adoptada por los países de la Unión Europea, la creación de Mercosur, y la reestructuración, en curso, del Estado brasileño, se hizo imprescindible la creación de nuevos instrumentos de política para fomentar el aumento de la productividad, mejorar los factores sistémicos de competitividad (relacionados al "custo Brasil") y definir claramente una política comercial compatible con la estabilidad de la moneda.

Sin embargo, no son pocos los obstáculos que se deben superar para aumentar la competitividad de la industria agrícola. Éstos se sitúan en sectores que en el pasado fueron "tutelados" por el Estado, como el de la leche y el de café (implicando reglas de incentivo a productores más eficientes que sean capaces de acompañar las nuevas exigencias del mercado interno); en la baja productividad; en los problemas sanitarios de la ganadería extensiva; en el reducido promedio de productividad de los cultivos de maíz, caña de azúcar y naranja. Se suman, además, problemas de definición de la política de crédito y de tarifas (incluyendo los mecanismos más eficientes de acción anti-dumping) y la urgente necesidad de mejorar las infraestructuras de carreteras, ferroviarias y portuarias.

Estas dificultades no eliminan el enorme potencial para la explotación de mercados emergentes, como el de frutas frescas y hortalizas de regadío, para las posibilidades de producción forestal y de alcohol anhidro y para la mejor explotación de los segmentos nobles de la carne de vacuno. Dichas posibilidades indican que no existen grandes trabas estructurales para elevar la participación internacional de la industria agrícola brasileña y para promover su mejora en la atención al mercado interior.

Se pueden obtener informaciones complementares en sites como los siguientes:

http://www.200.130.91.2.
http://www.embrapa.br